lunes, 28 de julio de 2008

45ª Historia Asesina - Emperatriz de la oscuridad (2ª parte)

1º parte acá

Él nació una mañana de primavera. Por eso decían que era cálido y agradable como el clima de dicha estación. Vivió siempre de historias, propias, ajenas, oídas, leídas, escuchadas y cantadas. Creía en las hadas, en los duendes, en los ángeles y en la magia. Y hasta llegó a dominar un poco de ella, esa magia simple que consiste en mover cosas a voluntad y desaparecerlas, magia básica y corriente.

Él vivió en el mundo real y mortal, durante mucho tiempo. Pero lo odiaba. No lo podía soportar, era horrible y desagradable. No entendía cómo la gente podía vivir con tanta naturalidad en un lugar así. No lo concebía. Él, que nació con tanta historia fantástica alrededor, no soportaba la vulgaridad del mundo real. Tan simple y llano. Nada de magia, nada de hadas ni duendes, nada de nada. Todos esos sujetos eran parte de los cuentos, relatos y fábulas infantiles. Pero el ya no era un chico, y creía en todo eso. A veces mostraba su magia a sus amigos, pero nadie creía que fuese de verdad. "¿Dónde tomaste las clases de ilusionismo?", le preguntaban siempre. O "¿no podrías enseñarnos algún truco?". "Truco", esa palabra le molestaba. ¡No eran ningunos trucos esos! ¡Era magia de verdad, vulgar, débil y simple, pero seguía siendo magia!

Por eso odiaba tanto al mundo real. Él necesitaba otro tipo de mundo, uno en el que se pueda creer sin desconfiar.

Una noche, vagando por las calles, injuriando verbalmente el mundo en el que le había tocado vivir, la vio. Sus cabellos dorados resaltaban ante la oscuridad de esas callejuelas pequeñas y mordaces. Entonces se fijo con detalle y no estaba sola. Había un monstruo, grande, que la triplicaba en altura. Era peludo, sus cabellos negros se fundían con la oscuridad. Sus manos eran grandes y fácilmente podían llegar a llegar a agarrar la cabeza de ella. Sus ojos eran azules, un azul intenso. Y su boca era amplia y por dentro guardaba una dentadura perfecta.

Ella extendió sus manos hacia una de las paredes. Murmuro una palabra que no entendio, y entonces una puerta secreta apareció. Mirando a los costados, entró y detrás la gran bestia. Él no supo qué hacer al principio, pero su curiosidad le ganó. Entonces corrió rápidamente hacia la puerta, pero cuando llego, la puerta desapareció.

Y así esperó, días y días el momento de a ese lugar poder entrar. Nadie salía, nadie entraba desde aquel momento de aquel lugar. Quizás no era la única puerta, quizás no era el único lugar. Y no sabía bien qué pasaba.

Pasaron los meses y finalmente se resignó. No encontraría la entrada de ese misterioso lugar. Era una perdida de tiempo, quizás sólo una ilusión le jugó una mala pasada. Al final le dio la espalda a la pared para irse, y en ese instante fue cuando una puerta detrás de él se abrió. Se dio vuelta y el monstruo salió. Intimidado, retrocedió dos pasos. El mounstruo lo miraba a él, fijamente.

—Llevas varíos días aquí parado. ¿Qué quieres? —le dijo el monstruo.
—Ehh... —balbuceó sorprendido por la excelente dicción del monstruo— Yo, yo... yo quiero entrar.
—Claro que no lo harás. Este es un lugar sólo para algunos pocos, la Emperatriz y yo.
—¿La emperatriz? ¿Esa muchacha rubia?
—Más respeto con ella.
—¿Por qué no puedo entrar? ¿Qué me lo impide? ¡Puedo usar magia! ¡Mira!

Entonces él extendió su mano hacia adelante y levanto una piedra que estaba a diez metros de él y la trajo hasta su mano.

—Ja, ¿crees que eso es suficiente?
—Voy a entrar, aunque no quieras. ¡Ese lugar es para mí!
—Oh, no, no lo harás.
—¡Dejame pasar! ¡Haré lo que quieras! ¡Seré tu esclavo!
—No necesito nada de eso. Yo sólo protejo este mundo de gente como tu.
—Si no me dejas pasar, tendré que hacerlo por la fuerza. La puerta está abierta y soy más rápido que tú.

No terminó de decir eso, que arremetió rápidamente hacia la puerta, pero el monstruo con su largo brazo, simplemente lo desplazó hacia un lado. Él se levantó y lo miró con detenimiento y enojo. Cerró sus puños y se iba a disponer a luchar contra él, como sea. Pero de repente alguien detrás suyo, lo detuvo.

—¿Qué haces? ¿Acaso estás loco? —le dijo una mujer madura de cabellos muy largos.
—Tengo que entrar.
—Dejamelo a mi, Magno. Yo me encargo.
—¿Estas segura, Eliana?
—No te preocupes. Ve a hacer lo que tengas que hacer.

El monstruo lo miró de reojo, con un gesto de desconfianza. Él miró al monstruo con desprecio, pero enseguida volteó a la mujer que estaba frente a él.

—Hola muchacho. Soy Eliana. Mira, si quieres entrar acá, no es recomendable una pelea entre vos y este hombresote.
—¡¿Hombresote?! ¡Es una bestia!
—Es el amado de nuestra emperatriz.
—¿La chica rubia?
—¿La has visto alguna vez?
—Pues claro que la he visto. ¿Pero cómo puede amar a una cosa así?
—Si quieres entrar, mejor que acalles esos cuestionamientos.
—De acuerdo. Tampoco es que me interese demasiado. Monstruo del demonio...
—Cálmate y sigueme.

Eliana lo hizo entrar a traves de un portal que ella creo con sus manos. Era un lugar oscuro, y raro. Pero tenía algo atractivo, algo bello, algo raro. Uno podría gritar y nadie lo escucharía. O al menos, si alguien lo escuchara, no sonaría como algo fuera de lo normal. Era un lugar muy oscuro, y sólo se podía ver si se era rápido e inteligente. Mucha gente que vivía en ese mundo, estaba muy acostumbrada a la oscuridad y sabía moverse como si estuviesen a plena luz del día.

El lugar era frío en verano, y cálido en invierno. Se adaptaba fácilmente a las intenciones del que estaba ahí. Si una persona quería refrescarse, sólo tenía que pedirlo. Y viceversa. Todo estaba regido por la gran Emperatriz, el emblema del lugar. Y el sistema que hacia mover las cosas del mundo, un sistema de engranes y resortes gigantes que llevaban y traían cosas de todas partes. Sólo bastaba solicitar algo a la Emperatriz y ella movilizaría su gran sistema para conseguir lo que se le pidiera.

Él vio millones de cosas que nunca había notado antes en ese mundo. E inmediatamente se sintió cautivado y quiso saber más. Eliana le mostró cada uno de los lugares que creyó conveniente mostrarle. Excepto claro, la recámara de la Emperatriz, donde nadie podía entrar, excepto Magno, el gran monstruo que cuido todo el mundo desde tiempos y el que permitió que ingresaran más humanos después de la Emperatriz de la Oscuridad, obviamente luego de darle dicho título para poder gobernar.

Eliana y él estaban en la puerta de dicha recámara. Y en ese momento Magno se acercó a la puerta, nuevamente mirándolo con desconfianza y desprecio. Él cuando lo vio dijo:

—¿Por qué no puedo ver a la Emperatriz?
—Porque no puedes —le dijo Magno.
—¿Por qué no? Si voy a ser parte de este mundo, tendré que verla alguna vez, ¿no?
—Eso tu no lo decides.
—¿Quién lo hace? ¿Tu?
—Claro que sí.
—Ja, no me hagas reír.
—Basta, muchachos. Cálmense.
—Creo que tengo derecho de ver a la Emperatriz, ¿no Eliana?
—Eh...
—Claro que no. Te irás de aquí. Eliana, lo siento —le dijo el monstruo.

Eliana se retiró pidiendo disculpas y luego Magno quiso sacarlo, pero Él no iba a dejarse vencer tan fácilmente. Usando su mano como arma, uso la magia que sabía para detener el brazo amenazante del monstruo.

—¿Qué haces, maldito humano? —le gritó Magno al ver su mano paralizado.
—Luchando por lo que quiero.
—No eres digno de ser súbdito de su majestad. Te irás de aquí.
—Claro que no.

Entonces Él, sabiendo que en el mundo oscuro la magia tenía más poder utilizó sus dos manos para detener al monstruo y elevarlo en el aire.

—¡Bájame! ¡Te lo ordeno! —le gritó el monstruo al verse en el aire.
—Claro que no. ¿Me dejarás quedarme?
—Nunca te dejaré. Tendrás que matarme primero.

El monstruo rápidamente se libró de las ataduras mágicas y entonces decidió no contenerse más y usar su fuerza para acabarlo. Pero Él no dudo en usar su magia. Detuvo nuevamente sus brazo.

—¿Tengo que matarte? ¡Lo haré entonces! —le gritó entonces.

Entonces con su magia potenciada acometió contra el cuello de la bestia, dejándolo sin aire. Magno intentó liberarse, pero sin aire no tuvo demasiada capacidad de respuesta y pereció rápidamente. Eliana apareció en ese instante y vio la escena.

—¿Qué has hecho? —le dijo atemorizada.
—Maté a esa asquerosa bestia como dijo que lo haga. Ahora puedo quedarme.
—No sí la Emperatriz sabe de esto.
—No lo sabrá. Yo no se lo diré y tu tampoco.

Y haciendo uso de la magia nuevamente, dejó sin vida a Eliana.

Y luego, Él recordó cómo fueron los momentos después de esos dos asesinatos y cómo la noticia se tergiversó en un supuesto escape del monstruo y Eliana del mundo oscuro (con algunas versiones de que habían escapado juntos). Mientras esas noticias corrían como reguero del pólvora, Él cavaba las tumbas de ambos cuerpos.

Y recordó todo eso en ese momento en que bailaba con ella. Y en el medio del movimiento, Él vio que uno de los mechones negros de Ella nuevamente recobraba su original color dorado-otoñal.

Y Él seguía bailando como sí nada.

5 ya han matado el tiempo:

мarcelo dijo...

Se acabó acá? Respondeme por favooor xD

(Me gusta el nuevo diseño)

Félix dijo...

Marcelo: Te contesto: por ahora sí.

мarcelo dijo...

Sorry por la desesperacion.

Muy bueno, quedó bárbaro.

Ðąи dijo...

No se por qué lo primero y único que se me ocurrió fue "ay, ay, ay ay, "baila" y no llores.."

Je..

Félix dijo...

Marcelo: Jajaja, no te preocupes, che. Todos tenemos nuestra cuota de ansiedad, ja.

Dan: Ja, sí, podría ser, ¿no?

Publicar un comentario

Creative Commons License
Historias Asesinas para Matar el Tiempo by Félix Alejandro Lencinas is licensed under a Creative Commons Atribución-No Comercial 2.5 Argentina License.