jueves, 5 de marzo de 2009

53ª Historia Asesina - “Saltar”

—Adelante. ¿Estás listo?
—Estoy un poco nervioso, pero sí, estoy listo.
—Bien, vamos entonces.

“Al saltar los pies abandonan el aire momentáneamente”, me decía mientras agitaba las manos en un ademán por demostrarme lo bello del momento, cuando me contaba por enésima vez la misma parábola. “Es un momento de vuelo demasiado efímero para poder dar más precisiones. Podemos hablar de caídas quizás, porque ellas son más frecuentes y uno las recuerda mucho más. Quizás es un mecanismo estúpido que tenemos los seres humanos, que algunos le damos más relevancia a hechos tristes y dolorosos que a los momentos buenos de la vida.”

Todavía recuerdo sus palabras y las veces que me contó su manera de pensar. “Por eso cuando uno salta, recuerda más el momento en el que aterriza que en el momento en el que vuela. Intentando burlar esta barrera que nos autoimponemos, los que practican deportes extremos que tienen que ver con saltar, por ejemplo, desde un avión a miles de pies en el cielo con un paracaídas; disfrutan mucho más el salto y la adrenalina de sentirse volar. El paracaídas es sólo la precaución para poder volver a volar en otra ocasión”, decía y sus ojos se llenaban de brillo.

Su espíritu era el de las personas que saltaban y volaban. Salticar para él, sería como volar muy bajito tanteando apenas el suelo. Él era de esas personas que tenían ese ímpetu y esas ganas, no de saltar, sino de volar.

“Esas personas”, decía, “disfrutan el volar y el paracaídas sirve para volver a volar. Pero si no existirían los paracaídas y tendrían que saltar, lo harían igual, porque les importa volar, no el aterrizaje. Si para ellos, hay que volar y luego morir, entonces, ellos lo harán, saltarán, no, perdón, volarán, volarán hasta el final”.

Hasta su último momento, el tío nunca dejó de repetir aquellas palabras. De chico escuché sus historias y mis hijos también las escucharon.

El día en que me enteré que murió, no sé por qué, miré al cielo. No porque sea creyente, sino porque el cielo me lo recordaba mucho. Qué hijo de puta, así nomás se fue, siendo fiel a sus convicciones, duras como la tempestad. Se fue alto, muy alto y volando hace rato.

—¿Estás listo o no? Mirá que si no estás listo, volvemos —decía el instructor.

Ya había puesto la guita, ya estaba ahí. Tenía que saltar. Supongo, que en su honor, tendré que superar el miedo a las alturas. Además, él decía que tenía que pensar en el vuelo, no en el aterrizaje. “Lo importante es querer volar, una vez que lo hagas, todo lo demás será una fruslería. Nunca hay que tener miedo a volar. Miedo hay que tener de no querer hacerlo”.

—No, dale, dale. Vamos.

4 ya han matado el tiempo:

in Black dijo...

como bien dices uno recuerda lo peor pq en el fondo es lo único que deja cicatrices...
la parte buena es como el algodón de azucar: en la boca se reduce a una minima parte

sé bien lo que se siente estar muy alto
y cuando se está ahí... uno tiene miedo a lo que pasará al caer...

creo que todos deberíamos saltar en bungie alguna vez, aunque si yo lo hiciera tendrían que empujarme

he visto a gente volar desde edificios muy altos, me pregunto que habrán pensado...

フェリクス dijo...

In Black: Supongo que debe ser una decisión difícil saltar, pero quizás algo los empujó a hacerlo, a veces literalmente, a veces no. Pero siempre hay algo que nos empuja a saltar o a volar y a caer, por supuesto.

Gracias por comentar.

amnesiac dijo...

no solo en el interludio al salto...sino en todo en la vida..el hombre como ser siempre piensa mas en el resultado final al goce del momento unico...pensamos en la caida pero no en la magia mientras se vuela...asi con todo..que pequeños que somos...

malena dijo...

volaaaaar................... cómo me gusta!

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Historias Asesinas para Matar el Tiempo by Félix Alejandro Lencinas is licensed under a Creative Commons Atribución-No Comercial 2.5 Argentina License.